Pero ese diagnóstico tan lapidario es tan frágil como las posiciones opuestas que suponen que estamos a un tris de ser tragados por las distopías de Robocop, Terminator, The Matrix, Yo Robot, Her o Ex-Machina o Blade Runner. Ni tanto, ni tan poco. Puede ser que estemos a muchas décadas de clonarnos fehacientemente a nosotros mismos, pero los avances del machine learning y del deep learning son tan ostentosos y llamativos, que nos obligan a ser más cautos con las predicciones pero no menos cuidadosos con las defecciones.
Por otra parte de lo que se trata no es tanto de ver cuándo la súperinteligencias llegarán por fin, sino de inscribir esta infinidad de micro y macrocambios dentro de una constelación más amplia cual es la del colapso/recambio civilizatorio.

Estamos viviendo una época bisagra como las hubo muy pocas en la historia. Como bien dice Valentín Puig nunca había circulado tanta información, y nunca hubo tantas incógnitas. Deseamos ensanchar las perspectivas y nos quedamos en las selfies. Chocan las civilizaciones y a la vez convergen.

Por eso nuestro punto de partida debe ser mucho más amplio y abarcar sobre todo lo político, la educación, lo social e incluso lo cultural. "Es otra época, estúpido". Ya no alcanza con atribuirle la razón de todos los problemas a la economía, la tecnología, la ecología o la filosofía. Pero mientras que antes los grandes ciclos se acompañaban de una nueva concepción del arte, del románico al gótico o al barroco, aquellas fases solían solaparse en el inicio y al final. Hoy hemos decidido no acumular tradiciones. Y sobre todo hemos encallado en nuestra ignorancia más supina: la incapacidad de entender a la política (Innerarity, 2015).
No esta muy claro quien lo decidió no porque lo estamos aceptando pero la anulación de las tradiciones nos arroja a un presentismo peligroso e ingenuo como bien diagnóstico Douglas Rushkoff en Present Shock: When Everything Happens Now (2013).

Por eso una forma interesante de abocarnos al choque civilizatorio que supondrá el encuentro con la superinteligencias que nosotros mismos estamos creando como nuestra herencia y para no correr el desastre que avizoramos en Prometeo (2012 ) de Ridley Scott, es mandatorio superponer a nuestra capacidad de maravillarnos sin fin frente a las potencias de las máquinas, la preservación de cierto dejo de misterio por lo que hasta ahora es inconcebible que ellas hagan, y que a nosotros no solo nos define como más que humanos, sino que deja entera nuestra capacidad de sorpresa y curiosidad: dos marcadores insustituibles de nuestra súperhumanidad.

Orillando muchos de estos temas -porque más que eso no se puede hacer en una charla de hora y media incluyendo las preguntas, nos acercamos por séptima vez consecutiva el pasado lunes 22 de Mayo al CESFEJ, gentilmente invitados por Jesús Martinez quien nos abrió sus puertas para jugar con experimentos mentales (es decir una pedagogía de la preguntas) que servimos del siguiente modo:

 

1. ¿Cuál es el hilo conductor de nuestra época?

¿Cuál es el punto de fractura? ¿Cómo podemos definir a nuestro presente? ¿Cómo pasamos del diagnostiquismo, de la atribución sin ton ni son de las causas de los problemas a este o aquel factor?, ¿Cómo pasamos de lo indiscernible a lo aprehensible? ¿Cómo develamos en la telaraña de los efectos, a aquellos que son causa de sí mismos?

 

2. Can You?

Parece que la tontería más difundida entre los diseñadores de robots es maltratarlos, pateándolos. Después de todos no son más que máquinas. Sin embargo varias décadas de recuperación de la especificidad de la conciencia animal, un nuevo idilio con los objetos y la ruptura del dualismo jurídico/metafísico que dividía a lo inerte de lo animado están cuestionando esa soberbia antropomórfica.


Hay algo que se transfiere del maltrato animal al maltrato maquinal en esos ejercicios de superioridad interespecifica y una extraña respuesta emocional identificatoria con la máquina agredida en contra del humano agresor".

El diálogo entre Will Smith y el riobot N5 Sonny, acerca del asesinato/suicidio del Dr Lanning en Yo Robot donde un androide emocional, ayudando por una voz 100% humana defiende su derecho a tener miedo; a soñar y a sentir humanamente, marca un antes y un después entre nuestra forma de trazar límites precisos entre máquinas y humanos.

 

3. Sorpresas sin fin ¿eppur?

Mientras, contradiciendo flagrantemente las vertientes más conservadoras que insisten en que las IA están a años luz de pasar fehacientemente el Test de Turing, son cada vez más los ejemplos de que en muchos terrenos que creíamos monopolio humano las máquinas nos están pisando los talentos.

Componiendo música, pintando; creando nuevos Rembrants, jugando a los videojuegos y haciendo mil y una monerías, la algoritmización está invadiendo cada vez más los santuarios humanos, llevando no tanto a tirar la toalla, cuando a redefinir muchos de los supuestos con los que hemos definido hasta hace muy poco la humanidad humana, y la inhumanidad animal.

 

4. Pensando sin/contra y con robots

Están quienes debidamente han tomado la causa de las Inteligencia Sintéticas como una nueva faz evolutiva en la historia de la inteligencia general con Raymond Kurzweil a la cabeza.

En el otro extremo son muchos y con sumo pedigree (desde Bill Gates a Stephen Hawkins y Elon Musk) quienes ven aterrorizados como la liberación de las inteligencias sintéticas conforman el más peligroso de todos los males que afrontará la humanidad en las décadas por venir, y por lo tanto proponen una moratoria en el diseño de máquinas filo- o más que humanas.

Como siempre hay posiciones intermedias encarnadas en este caso por David Gelernter quien introduce la potente idea de que las máquinas nunca serán inteligentes "como lo somos nosotros" porque uno de los rasgos centrales de la inteligencia humana es su corporeización.

 

5. ¿Cuán lejos está la gran singularidad?

Pero más que dictaminar acerca de cuan cerca o lejos estamos de esta mutación (la gran singularidad) si dentro de 20, 30, 70 años o nunca, lo que más interesa en estas posturas es que nos fuerzan a elegir un extremo u otro de los dipolos (alternativas contradictorias con porcentajes equivalentes de verosimilitud), con argumentos (ejemplos, programas, algoritmos) cada vez más consistentes, y de lo difícil que resulta hoy en día escapar a sus embelesos.

Al bañar por primera vez nuestro cuerpo entero en estas fronteras de lo post-humano, se despiertan cataratas de problemas, cuestiones que van desde la suposición de que estamos entrando en una segunda era de las máquinas de una radicalidad inesperada, al punto de que no solo desplazarán como fuerza de trabajo (en muchos tipos de trabajos no solo en los no-rutinarios cognitivos), sino frente a la alternativa que una vez iniciado el traslado laboral, éste ya no se detendrá.

 

6. Lo más que humano en Amira Willighagen

Cerramos la charla con un inesperado (para nosotros) video de Amira Willighagen una niña de 9 años en el momento de la filmación en 2013. Lo hicimos por varios motivos. No solo nos maravilla y cautiva su voz limpia y profunda (una "old soul" probable encarnación de Maria Callas, como dice un miembro del jurado), sino que en la sorpresa mayúscula que su talento despierta; en los guiños que la nena le hace al jurado y este a ella; en la inocencia y aloofness que ella muestra frente a su propia performance, nos parece entrever un "algo" inimitable y desfasado comparativamente (al menos por largo rato), de lo que podría hacer una máquina de estar en un lugar equivalente.

Mientras haya sorpresa, asombro, incertidumbre y sobretodo elogio desmesurado del otro, habría una chispa humana que seguirá siendo nuestro brand premaquínico.

En esa danza de miradas, comentarios, estupefacción del jurado que no podían aceptar lo que escuchaban, que no podían programar sus emociones frente a las de una máquina, y frente a la admiración sin fin (atestiguada con el respuesta ante "O mío bambino caro" con Roar de Kate Perry a la voz de Amria, entrevemos una rendija, y una esperanza que sitúa a la impredectibilidad y a la sorpresa como valores supremos en la ascensión de lo humano. mientras dure, y una distancia relativa frente a las máquinas.