La suculenta, orgiástica, omnipresente y rizomática red Internet no nació de la nada ni en un vacío. Fue creada exactamente hace casi 47 años, el 29 de octubre de 1969, cuando se conectaron en los Estados Unidos dos computadoras distantes 500 kilómetros una de la otra.

En ese momento no hubo aplausos ni discursos presidenciales, por varias razones. Primero, porque la red que conectaba esos equipos pertenecía al Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Segundo, porque la operación falló: por lo limitado de la tecnología de la época, se transmitía un carácter por vez. Los investigadores tenían que enviar la palabra “login”, y al llegar a la “g”, el sistema dejó de funcionar. No fue precisamente un éxito, pero marcó el nacimiento de Arpanet, un sistema para interconectar las computadoras de los centros de investigación de los Estados Unidos, y demostró que las ideas de ese grupo de científicos eran perfectamente realizables.

La tercera razón por la que la transmisión trunca no fue recibida con vítores y fuegos artificiales fue porque nadie podía siquiera imaginar que esa pequeña red, que a fines de 1969 tendría apenas cuatro computadoras, daría pie a uno de los fenómenos tecnológicos más importantes de la historia: la red Internet.

Lo que ni esos pioneros pudieron imaginar, ni los cerca de 3 300 millones de usuarios que somos hoy podemos entrever, es que la mayoría de las lecciones de diseño que fueron estratégicas en la evolución de la red tienen sus raíces en sistemas antiquísimos -con sus luces y sus sombras.

De hecho conceptos claves que gobiernan a la red tuvieron su origen en los primeros sistemas de mensajería y comunicación electrónica de la historia -es decir en el telégrafo.

Las primeras redes de telégrafos fueron sistemas utilizados dentro de un solo edificio. Las principales ciudades de USA dispusieron a mediados del año 1850 de complejos sistemas telegráficos alojados en distintos pisos de los edificios más importantes, dedicados exclusivamente al re ruteado de mensajes.

Pero la ciencia avanza una barbaridad y gracias a los modelos teóricos de transmisión de señales electrónicas, basadas en las ecuaciones de Maxwell se pudieron inventar líneas que transmitían señales a 3 000 km. de distancia.

La introducción de amplificadores de tubos de vacío en 1913 hizo posible que en 1915 se abriera la primer línea intercontinental entre San Francisco y Nueva York. El servicio directo entre Los Ángeles y Nueva York se abrió en 1928. En ese entonces la cantidad total de llamadas diarias de larga distancia oscilaba entre el módico número de 50 a 80 diarias  (para una población que ya alcanzaba en ese entonces los 120 millones de personas).

El próximo salto fue el pasaje del par cruzado de cobre al coaxial, inventado por la compañía Bell para transmitir señales de TV. El primer coaxial (L1) llevaba 200 conversaciones, en 1953 fue reemplazado por el L3 que llevaba 1860 conversaciones o 600 circuitos para voz y una señal de TV.

La telefonía durante muchos años fue parte del sueño (alentado por la vastedad del territorio) norteamericano. Además rigurosas leyes antimonopólicas le impedían a la Bell entrar en el negocio de la telegrafía o del correo (aunque claro reservándole un monopolio para el teléfono que duraría 7 décadas y no se rompería hasta 1984, con el desmembramiento de la compañía).

Los usos sociales de las tecnologías se ven reverberados en la cultura y viceversa. Porque mientras en USA el telégrafo fue usado básicamente para los negocios, en Europa (donde en casi todos los países era un monopolio estatal) su uso fue más bien social y personal.

Los telegramas eran la versión romántica de las cartas y en la mayoría de los casos nunca fueron traducidos al morse sino que viajaban por la red de tubos neumáticos (petits bleux) que supe conocer en 1969 durante mi primera visita a la ciudad luz.

El pasaje de lo nacional a lo internacional fue otra compuerta evolutiva en el armado de una red, que décadas más tarde devendría en la propia Internet, funcionando como anticipación y soporte conceptual de la red hipercompleja y globalizada que es Internet en la segunda década del siglo XXI.

No es la menor de las sorpresas de esta saga enterarnos de que el primer cable submarino transatlántico empezó a operar recién en 1956. El TAT-1 construido conjuntamente por la American Bell y el Correo Británico usaba un solo cable en cada dirección y proveía 36 canales simultáneos.

Pero solo a mediados de los 70 las comunicaciones internacionales se volvieron comunes. La razón principal fue la abrupta caída de costos, que bajó más de 10 veces entre 1966 y 1970, en términos de costos de inversión de los circuitos telefónicos transatlánticos divididos por los minutos utilizados.

Mientras que en 1959 un circuito trasatlántico costaba U$ 200.000 en 1970 había caído a U$ 18.800, en los 80 bajó a U$ 10.000 y a medidos de los 90 estaba los U$ 1.000 -un factor de reducción de 200 veces en apenas 25 años.

Quienquiera que conozca algo de los costos decrecientes de las líneas digitales que transportan datos en Internet se encontrará con un panorama asombrosamente similar, calcado sobre la caída de costos de las telefónicas.

Más llamativo aun es que las comunicaciones verdaderamente globales solo emergieron en 1988 con el tendido del primer cable trasatlántico de fibra óptica. La mezcla de baja de costos, mutaciones culturales, nuevas necesidades económicas y consolidación de la globalización se tradujo en un incremento creciente de circuitos telefónicos que pasaron de los 36 antes mencionados en 1956 a 56 000 en 1992.

Resumiendo. La mayoría de las innovaciones que creíamos propias de la era digital como el papel perforado, los códigos de 5 bits, la congestión en las redes, y los esfuerzos internacionales de estandarización emergieron hace ya más de un siglo, casi 70 años antes de que Internet viera la luz.

He aquí pues la cara de una moneda que rara vez conocemos. Nada es nuevo desde 0. Cada innovación se asienta sobre mil anteriores. Solo nuestra ignorancia de la historia nos hacer creer que lo nuevo es bueno y original. Dicho todo lo anterior Internet es una compuerta evolutiva en la historia humana, Por lo cual en alguna próxima nota investigaremos en mayores detalles cómo a partir de esta continuidad desconocida existen discontinuidades no menos notorias y valiosas que merecen ser conocidas.

 

Referencias

Briggs & Burke De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Madrid, Taurus, 2002

Logan, Robert Kenneth. The Sixth Language Learning a Living in the Internet Age, Toronto, Stoddart, 2000

Piscitelli, Alejandro. Internet. La imprenta del siglo XXI. Barcelona, Gedisa, 2001

Tuomi, Ilka. Networks of Innovation: Change and Meaning in the Age of the Internet. New York, Oxford University Press, 2002